jueves, 5 de noviembre de 2015

Maratón Lisboa 2015. Crónica y fotos

Hay mucho motivos para correr un maratón, unos más validos que otros, pero hay muchos. Por superación personal, por mejorar tu tiempo, por ayudar a otra persona a terminar, por una apuesta, por sentirte atleta olímpico por un día, por demostrar algo a alguien, por demostrarte algo a ti mismo, por saber que se siente, por entrenamiento para una prueba aun más dura y un largo etcétera. En mi caso, el motivo para correr la maratón de Lisboa, era conocerme a mi mismo. Aunque antes de correr, no sabía si iba a ser un acierto o un error. Hace tiempo leí el libro titulado El caballero de la armadura oxidada, es un libro que mientras lees, te vas analizando a ti mismo y descubres muchas cosas que mejorar. Se lee en poco más de una hora y yo ya lo he leído 4 veces, ya que cada vez que lo lees, encuentras cosas diferentes y con las maratones me pasa parecido. A mi nivel, que me va a golpear el muro al correr una maratón, es algo seguro, pero cada vez respondo diferente al golpe. Lo que quería conseguir durante esos 42km, era ver que me hacia seguir luchando esta vez, un autoanalisis a lo bestia. Lo primero que tuve que hacer antes de presentarme en la linea de salida fue matar el ego lo máximo posible, la ultima vez que me enfrente a la distancia hice una carrera prácticamente perfecta y tenia que asumir que esta vez no iba a ser así, que seguramente no habría tantas sonrisas como en Sevilla, ya que mi nivel de entrenamiento ha bajado drásticamente los últimos meses.



Los momentos antes de la salida, me emocionaron como ninguna vez antes, estaba solo, comenzaba a llover y la gente corría a resguardarse, pero yo permanecía bajo la lluvia. Si va a llover durante la carrera, ¿que más da empezar a mojarme un poco antes?. En todas las anteriores había compartido con más gente esos momentos iniciales, con alguno más de una vez, incluso sin saberlo. El otro día leí que a los géminis nos encanta estar solos, pero odiamos sentirnos solos, y lo cierto es que a mi me gusta mucho estar solo. Puede ser que esa sea una de las cosas que me permite este deporte, estar solo. Ya sea literalmente, corriendo a las 6 de la mañana para ver amanecer desde la playa, o rodeado de miles de personas, pero en el fondo solo, sin oír el bullicio, solo mis pensamientos. Las dudas y la incertidumbre empiezan a crecer dentro de mi, porque tengo miedo de no encontrar lo que he venido a buscar. He venido a por mi mejor yo, a por mi carácter, a por mi fuerza interior, pero...¿y si no lo encuentro? ¿y si me vuelvo a casa peor de lo que he venido?. Todo el que me conoce lo suficiente, sabe que soy un géminis de libro, tengo dos personalidades completamente diferentes y van aflorando a su antojo. El problema es que últimamente me cuesta conocerme, ¿será que me ha salido una tercera? Espero dejar las más débiles en el camino y descubrir la dominante al llegar a Lisboa.



Comienza la carrera en Cascais y deja de llover, hoy la dureza no la marcará el clima, será solo el asfalto. Empiezo a un ritmo que estimo oportuno, para rondar las 4h, pero no tengo ningún dato en el que basarme para saber si es un objetivo realista o no, solo lo que creo conocer a mis piernas y a mi corazón. El principio de la carrera es precioso, vamos bordeando la costa y vemos en todo momento un mar embravecido, como queriendo demostrar su fuerza interior al igual que los miles allí presentes.



Los primeros kilómetros de una maratón deben pasar como si nada si quieres llegar bien al final, pero en este caso incluso "los desprecio", estos kilómetros no me aportan nada a mi objetivo, simplemente son el camino que tengo que recorrer para llegar al muro. Me distraigo pensando tonterías, imaginándome en otra carrera futura, ese ironman que algún día tendré el valor de correr y sobre todo de preparar...Los kilómetros van pasando, voy bebiendo en todos los avituallamientos, quizás en exceso y empiezan a entrarme ganas de hacer pis. En otras carreras largas, las ganas siempre han desaparecido al seguir corriendo, pero esta vez llego a la media y las ganas continúan. Me hago a la idea de que antes o después voy a tener que parar y decido que mejor sea cuanto antes para quitarme el run run de la cabeza, además, si paro cuando este cansado ¿quien me garantiza que volveré a arrancar?



Después de parar, me invade la euforia al deshacerme de la molestia de tener que ir aguantando. Cada kilómetro que entra en el objetivo me da un empujón de motivación, Km 26 y me planteo incluso el "asalto a la maratón" me veo bien para intentar hacer una segunda media más rápida que la primera. Después de un par de kilómetros, decido reservar, no he venido a hacer ningún tiempo, lo que yo busco hoy, es lo que todos los que están a mi alrededor quieren evitar, el mazazo, el muro, ese momento mucho más súbito de lo que la gente cree, que te tira la mascara al suelo y te deja desnudo e indefenso.



Sobre el Km 30 empieza a correr a mi lado ya el tío del mazo, a pesar de que creía que me había dejado el ego en casa, me sale una vena arrogante y sonrío cuando empiezo a notar los primeros signos de flaqueza y digo para mis adentros, "por fin has llegado". La fuerza física empieza a escasear, pero en estos momentos, dejando atrás la praça do comércio, mentalmente me veo imparable. Hablo como si realmente hubiera un tío que me ha echado el ancla a la espalda y que quiere conseguir que abandone, salen frases como "hoy no vas a poder conmigo hijo de puta", " ya sé lo duro que eres y no es para tanto", "te recuerdo que te voy ganado 3-1, y hoy amigo, hoy, no vas a ganar".



Sobre el kilómetro 34, nos juntan de malas maneras, sin ningún aviso con los corredores de la media maratón, si siempre es difícil cuando hay dos distancias no perjudicar, esta vez está especialmente mal hecho. Yo llevo 34km, ellos 13 y me pasan como aviones. A mi me gusta morir en soledad, con intimidad, me estorban y empiezo enfadarme. No quiero que toda esta multitud me distraiga de mis pensamientos, quiero volver 5 minutos atrás donde estaba solo corriendo en la calle. Después de unos minutos consigo volver a centrarme en mi mismo y en mi conversación interior.



El recorrido que había empezado siendo precioso por la costa y en la entrada a Lisboa, ahora se convierte en un polígono lleno de charcos, que nadie parece querer pisar y se van como locos a la acera, yo no tengo ningún problema en cruzar por medio el primer charco, hasta que descubro que me cubre hasta el tobillo y al salir me pesan los pies. Cuando por fin consigo olvidarme de la gente, del recorrido, de los charcos y solo quedo yo luchando contra mi mismo, por fin encuentro lo que he venido a buscar. Una conversación muy fructífera que me deja claro que quien quiero ser es el que hace unos meses se enfrentó a pecho descubierto a la maratón, el que consigue no rendirse cuando todo duele y parece no merecer la pena continuar esforzándose, el que vence al frío, al cierzo y a la pereza por disfrutar de su deporte, el que madruga para correr en ayunas antes de un día sin tiempo para correr, el que sale a las 23h después de trabajar 8h y unas cuantas de universidad, el que se emociona con solo recordar sus carreras, el que sueña con tener el valor de convertirse en ironman... el que creo que en el fondo soy.



Los últimos kilómetros fueron realmente duros y me llevaron al limite de mis fuerzas. Descubrí que los impulsos nerviosos que mi cerebro manda a las piernas, primero pasan por el corazón, porque les di permiso a mis piernas para pararse más de 10 veces y lo cierto es que en ningún momento dejé de correr. Me decía a mi mismo: estás cansado, pero no para tanto, no como para tener que parar de correr. Incluso en el km41 me quise parar a andar, pero no podía pararme entonces, no hay nadie que no pueda correr solo un kilómetro. Finalmente entré en meta como siempre hago, pasando de una cara de dolor y sufrimiento a una sonrisa, lagrimas en los ojos y piel de gallina. El tiempo, que era lo de menos, terminó estando bastante cerca de lo esperado 4h2', señal de que me conozco bien a mi mismo.



Sobre los números ha sido la peor de mis cinco maratones, pero me parece que no la recordaré como tal, la recordaré con cariño, como una pequeña lección y como una pequeña forja del espíritu. Calentándome, lentamente, hasta alcanzar el rojo vivo y recibiendo los golpes que dan la forma final al material bruto, poniendo a prueba mi resiliencia.



Pd. para los más curiosos, amantes de los datos, os abro mi corazón, literalmente: https://connect.garmin.com/modern/activity/931648849

viernes, 9 de octubre de 2015

Maratón de Lisboa, ¿acierto o error?

Deportivamente hablando es un error, no hay duda. Desde la maratón de Sevilla he bajado muchísimo el nivel, los 200km mensuales no los veo desde enero. Pero ahora mismo creo que necesito correrla. Voy a pasarlo mal casi seguro y quiero ver lo que tengo dentro. No es masoquismo. Creo que todo lo contrario. Ahora mismo necesito ver si soy quien era hace unos meses y ahora estoy desdibujado o aquello era un disfraz y soy el de ahora mismo, porque lo cierto es que no soy la misma persona. Lo bueno que tiene una maratón es que es una experiencia de vida resumida en unas horas. En unos días descubriré qué es lo que me da fuerzas para seguir, o si no hay nada que me haga pelear cuando la maratón me golpee fuerte y no puedo terminar, quien sabe. De dos de mis anteriores maratones, recuerdo perfectamente lo que me hizo seguir corriendo y fueron cosas diferentes cada vez.  La cosa es sencilla, el domingo 18, me presentaré en la salida, rodeado de personas, pero solo en el fondo, conmigo mismo, cargado de dudas y emociones, que espero ir despejando kilómetro a kilómetro para llegar a la meta más ligero. 
Espero que durante esas cerca de 4 horas que yo estimo, me conozca un poco más a mi mismo, destruya un trocito más de ego y recuerde quien soy, cuando la maratón me quite la careta de un mazazo y solo deje mi verdadero yo. Si es así, será un acierto.


"El camino del guerrero es muy duro, no somos personas vestidas con kimono y hakama, si no fuera así, esto sería un baile de disfraces"  Carmelo H. Ríos

viernes, 4 de septiembre de 2015

¿qué puedo hacer?

Llevamos un tiempo recibiendo diariamente noticias devastadoras de como sirios intentan huir de la guerra que se libra en su país y nadie les tiende la mano. Ayer la foto de un niño de solo 3 años, ahogado  en la playa, daba la vuelta al mundo. Esa foto retumbó en mi conciencia en cuanto la vi y me hizo pensar muchas cosas que hasta ahora no había pensado. La primera cosa que pensé es ¿qué puedo hacer? ¿como puedo tomar parte a favor del indefenso en esta situación de injusticia? En seguida me di cuanta de que no es fácil hacer algo, en eso nos terminamos escudando siempre, "yo haría algo si pudiera, pero no puedo, tienen que hacerlo otros" y es verdad, que hay gente que puede hacer mucho y no lo hace, pero el mayor error es no hacer nada, pensando lo poco que se puede hacer. Pronto me di cuenta de que quizá incluso fuera verdad que no podía hacer nada en absoluto para mejorar esa situación, pero ¿y otras? esa, desgraciadamente, no es la única situación de injusticia que se vive ahora mismo en el mundo. Puedes dedicarte al voluntariado para ayudar a los más necesitados en tu ciudad. El voluntariado, que nunca había atraído mi atención, hoy se me plantea como un primer paso a dar. Quizá en nuestras vidas modernas, tan ajetreadas no tengamos tiempo para eso, por lo que aún he querido simplificar más, hay quien creerá que demasiado, pero todos los viajes, por largos que sean, empiezan con un primer paso. 

Debido a mi entrenamiento en aikido, creo ciegamente en el KI, la energía interna de cada persona y la forma en la que la utilizamos, nuestra energía puede ser tariki, el “ki creativo”, feliz, pacífico, alegre, expansivo, inclusivo, alegre y fluido, que surge desde el corazón o puede ser yoriki, el “ki nefasto”, destructivo, egocentrado, impetuoso, individualista, tendente a la agresividad e incluso a la violencia. Al que le interese, estaré encantado de hablarle sobre los ensayos de Masaru Emoto, sobre la leyenda del satsujin-To y el Katsukji-Ken u otras en las que se ve claramente como influye nuestra energía y la forma en la que la utilizamos en todo lo que nos rodea.

La energía es neutral, somos nosotros los que le damos uso, puede alimentar una incubadora o una silla eléctrica, un rayo de sol puede alimentar una planta de apio o de opio. Así, que para empezar, lo que voy a hacer es controlar la energía que emito, hacia los demás y hacia mi mismo.

El trabajo a desarrollar es muy fácil, va a ser un trabajo personal, pero invito a todo el que quiera a que se una conmigo. Un día sin conversaciones nocivas, un día sin insultos, sin juzgar a nadie, un día ayudando, con grandes cosas o con simples gestos, a tus familiares y amigos o a un completo desconocido por la calle, un día agradeciendo de corazón, perdonando.... Si no lo consigues un día, lo vuelves a intentar al día siguiente y si lo consigues, verás que merece la pena hacerlo un día más.

Recuerdo que la ultima vez que me propuse hacer esto, hace ya un tiempo, una cosa que hacia, (mira que tontería) era sujetar la puerta de la biblioteca a la gente en las situaciones en que no estaría mal visto no sujetarla porque la persona aún está un poco lejos, lo hacia sin esperar nada a cambio, sujetaba la puerta con una sonrisa y si me daban las gracias, contestaba que de nada. Unos días después, iba a entrar yo a la biblioteca y un chico me sujetó la puerta cuando yo aún me encontraba a unos cuantos metros, cuando le dí las gracias me contestó que me estaba devolviendo el favor. Yo no me acordaba de él porque le sujeté la puerta a mucha gente, pero supongo que unos días antes yo le sujete la puerta y como es algo tan raro hoy en día, le chocó, le marcó y me quiso devolver el favor cuando tuvo la oportunidad. un claro ejemplo de que recibes la energía que entregas y de que un pequeño gesto puede hacer cambiar a otra persona con tu ejemplo.

 Sé que hay casos en los que no, hay veces que das y das y nadie parece agradecértelo, pero si piensas en el bien que te hace a ti, te da igual. Habrá días que será muy difícil evitar comentarios o pensamientos negativos, pero con practica se consigue poner una sonrisa y no dejar que la energía negativa nos afecte. Hay que empezar por evitar esos corrillos en los que se pone verde al jefe o a un compañero, pensamientos como "ya está aquí el pesado este", "este tio es idiota" "mira que pintas lleva esa" y un largo etcétera, cada uno esta librando su propia batalla y no conocemos sus motivos para comportarse de una manera determinada, pero si nosotros queremos actuar de esta forma debemos de ser fuertes, es el camino del guerrero, poner una sonrisa cuando alguien te da con la puerta en las narices y perdonarle, mantener la calma al conducir aunque un "idiota" te haya hecho una jugada,  olvidar todos los prejuicios hacia esa persona que no soportas e intentar de verdad conocerla, simplemente EMPATÍA, esa palabra que todo el mundo sabe lo que significa, pero que cada vez se utiliza menos.

Es un trabajo muy simple y parece que no vaya a cambiar nada, el mundo va a seguir siendo ese sitio horroroso en el que hay "hombres" que matan a sus mujeres, personas que matan a otras por no pensar como ellos, personas carentes de cualquier rastro de humanidad en su corazón que se aprovechan de sus semejantes dejándolos hundidos en la miseria, gente que mirará hacia otro lado cuando este en su mano detener una situación de injusticia, pero si quieres cambiar el mundo, empieza por cambiarte a ti mismo. 

martes, 11 de agosto de 2015

examen cinturon negro aikido

          Normalmente en este blog escribo siempre sobre correr y dejo más de lado la que se supone que es mi otra mitad, el aikido. Digo se supone, porque últimamente, no sé como, pero he vivido sin ninguna de mis dos mitades, he dejado de ser Aikirun poco a poco y sin darme cuenta. En junio, este hecho se acentuó por la falta de tiempo y motivación entre exámenes y trabajo, corrí un solo día en todo el mes, una 10K y no practiqué aikido ningún día. Por suerte, la semana siguiente a terminar los exámenes, me esperaba la semana más aikidoka del año, un curso de aikido en el pueblo más alto del pirineo aragonés, Cerler. Esta semana no podía llegar en mejor momento, nunca la había necesitado tantísimo.  Este año tenia un ingrediente extra, para hacerla más especial si cabe, mi examen de cinturón negro.


          Durante esta semana se practica mucho más que técnicas de aikido, se practica meditación, ritual bajo la cascada, entrenas con gente muy interesante que no ves el resto de año, mucho trabajo espiritual y muchas otras cosas que no me veo capaz de expresar con palabras y no sé si alguien conseguiría hacerlo. Es una semana para sacar al guerrero pacifico que hay dentro de ti, para conseguir mucha fortaleza, desde luego no física... y nada me podía venir mejor en este momento, necesitaba recordarme que soy un luchador y conseguir fuerzas para luchar.

          La semana empezó el domingo por la mañana, con el ritual de la cascada (taki shugyo), un momento de paz, de meditación y de purificación, para afrontar la semana con la mente lo más clara posible. Cuando el agua helada te golpea en la cabeza y los hombros comprendes que no puedes ofrecer resistencia y que tienes que aceptar lo que te venga encima, como en la vida misma. 


          Entre clases de aikido, meditaciones, charlas y demás, la semana fue avanzando y cada día se hacia notar más el cansancio. Incluso conseguí sacar un rato para correr por la montaña, ya que necesitaba esa forma diferente de meditación. Hay más formas de meditar que en posición de flor de loto en una habitación. Por fin, el jueves por la mañana, el maestro nos convoca para el examen de cinturón negro a dos compañeros y a mi a las 17:30.

          Recuerdo estar nervioso y asustado, tanto como nunca antes había estado vestido de kimono y hakama. Para calmarme, me recordaba a mi mismo que no era mas que una clase de aikido, un poco más dura de lo normal, que no pasaba nada. En el examen te hacen llegar a tu limite, así que solo había que darlo todo, y cuando no hubiera nada más que dar, el examen terminaría, para bien o para mal. Parecía que los nervios se templaban un poco con estas ideas y ya solo sentía impaciencia por empezar para dejar de pensar y simplemente dejarme llevar y fluir. 

          Ya estamos todos, unos 30 aikidokas, nos sentamos en circulo para saludarnos y recibir alguna indicación de mi maestro. Coloca a un alumno cinturón negro en cada esquina del trozo de cesped que vamos a utilizar para el examen a modo de guardianes, y nos recuerda que lo que ahí dentro va a pasar es algo solemne, un escalofrío me recorre la espalda y se me forma un nudo en la garganta. Antes de que pueda seguir pensando...-"¡JAVI! al centro"; comienza mi examen.


          -"¡Marcos! tú empiezas de Uke, Shomen uchi iriminage, adelante" (uke es quien realiza los ataques. Tori, en este caso yo, realiza las técnicas) . Sin más indicaciones, Marcos me ataca con un shomen uchi y yo realizo el correspondiente iriminage, es una técnica fácil, que me hace olvidar los nervios. Después de haber atacado 2 o 3 veces, Carmelo, mi maestro, va haciendo señas a otros alumnos para que se unan y cuando quiero darme cuenta estoy rodeado por unos 10 compañeros atacándome en todas las direcciones, intento proyectar al compañero al que le estoy haciendo la técnica, delante del siguiente compañero que me va a atacar, para usarlo de escudo y ganar medio segundo antes de que otro ataque se dirija a mi cabeza. Me hago un autoanalisis y me veo sereno, dominando la situación, utilizando la técnica y no la fuerza bruta, sonrío y sigo fluyendo entre los ataques. cuando empiezo a estar cansado, dos palmadas del maestro, significa que se acaba esa técnica, cojo algo de aire mientras me dice cual será la siguiente.


          - Kokyu nage. Una técnica que me encanta, seguimos con la misma estructura que antes, unos cuantos ataques con un solo uke y después se van sumando poco a poco los demás, Arturo, Angel, Raul, Albert, Borja, Victor, Oscar, Mar, Jose Angel, Vanessa... me atacan en todas las direcciones, cuando aún no he terminado de proyectar a un compañero, ya oigo en mi espalda un Kiai, que avisa de un ataque inminente. Empiezo a concentrarme en el vacío que dejan y no en el espacio que ocupan, para poder fluir entre ellos, entre sus ataques. Esta técnica también tuve que hacerla en mi examen de hakama, y es que es aikido puro. Captar la intención, crear el vacío, unificar, fluir, captar la intención, crear el vacío, unificar, fluir...dos palmadas y terminamos con esta técnica.


          -Ushiro ryote dori kote gaeshi, una técnica un poco más difícil que las anteriores, ya que hay que zafarse de un agarre por la espalda y la proyección a uke es más fuerte, y con las prisas no puedo dejar de ser delicado. Para realizar esta técnica es necesario girar sobre si mismo 360º lo cual es perfecto para mantener mi espalda vigilada y realizar la proyección del compañero hacía donde detecte el próximo ataque. Empiezo a notarme cansado y necesito ayudarme de algún Kiai para darme fuerzas a mi mismo, los compañeros lo están haciendo genial ya que no me dan tregua, pero tampoco dejan de darme ánimos y todos me atacan con una sonrisa, la cual, yo mismo, también intento mantener. Dos palmadas.


          -Tai sabaki. los compañeros cogen sus bokkens y bokutohs (sables de madera) y comienzan a atacarme a la cabeza, es esta ocasión no les tengo que realizar ninguna técnica, ni desarmarles, ni bloquear,  solo esquivar, fluir entre ellos y haciendo uso de su vacío hacerme inalcanzable. No me suelo ver muy cómodo con los Tai sabakis y hoy no parece ser una excepción, es uno de mis puntos a trabajar. Sin parar esta vez, cambian el modo de ataque, pasa de ser un ataque a la cabeza a ser un ataque pinchando a la tripa, ataque que aun me cuesta más esquivar, uno de los ataques lo tengo que parar con la mano, milímetros antes de que me alcance en el estomago, esto me desconcentra un poco y empiezo a pensar, ERROR, mente en blanco, solo fluye...Palmadas salvadoras por fin, creo que ya ha pasado lo peor, cuando el Sensei dice: dejar el bokken y coger el bo. El Bo, es un baston de madera de unos 2m, que usaban los monjes para caminar, pero que termino convirtiéndose en un arma de defensa, por lo que las esquivas aún no han terminado. Se entremezclan los ataques verticales a la cabeza con los ataques a la tripa, cada vez hay menos vacío del que aprovecharse. Con tantos ataques es difícil saber a cual anticiparme, porque la clave de la esquiva es la anticipación, no la rapidez. Dos palmadas, se acaban las esquivas, respiro aliviado, aunque no sé lo que viene ahora, puede que sea mucho peor.


          -Hachi Noji. Este no es un ejercicio técnico, pero es de resistencia, otra compañera que se va a examinar, sale conmigo a hacer el ejercicio, consiste en correr en forma de 8, uno en cada dirección, cruzándome con la compañera, y al cruzarnos, realizar un corte imaginario con el sable de madera que cortaría por a mitad al compañero. Nosotros nunca utilizamos las armas como elementos de destrucción, así que tienes que imaginar que en cada corte, al compañero le estás quitando cosas de las que quiere deshacerse, inseguridades, complejos, pesos emocionales... En cada corte, tenemos que realizar un kiai prolongado que me deja sin aire. Este ejercicio "empieza" siempre cuando ya no puedes más, es ahí donde el maestro quiere ver como nos comportamos, si somos guerreros o no. Apenas he podido parar a coger aire desde que ha empezado el examen y en seguida me noto cansado, me corrige cosas y solo soy capaz de hacerlas bien durante medio minuto y el cansancio vuelve a impedirme hacer bien los cortes y un buen kiai, pero este ejercicio trata de esto, así que sigo, poco a poco vamos disminuyendo el tamaño de los 8 para ir terminando el ejercicio. El Sensei nos dice que nos sentemos y unos compañeros nos acercan un poco de agua. Estoy cansadisimo, no sé cuanta dureza más voy a poder soportar en el examen, me falta el aire. Somos 3 los examinados, dos hemos realizado el ejercicio y ahora le toca al tercero, pienso que así podré descansar, para poder afrontar lo que quede de examen. El compañero sale al centro y Carmelo pide un voluntario para hacer el ejercicio con él, pasan un par de segundos y nadie sale al centro, miro a todo el mundo y al ver que nadie toma la iniciativa, me pongo en pie y salgo al centro. No sé como ha pasado esto, no lo he pensado, estaba sentado jadeando y de repente estoy aquí, en el medio, ofreciéndome a que mi compañero pueda realizar su examen. Carmelo me pide que me siente agradeciéndome mi gesto. Vuelvo a sentarme con un nudo en la garganta y ganas de llorar, algo ha pasado durante lo que llevamos de examen, he sido totalmente generoso sin esperar nada a cambio, en mi interior ya me siento un poco cinturón negro, un poco más guerrero. Mientras el compañero hace su ejercicio bebo un poco de agua y aprovecho para descansar, a la espera de lo que sea que venga luego.


           -"Javi ven al centro, y necesito un tenugi", un tenugi es un pañuelo que se pone en la frente y sirve para que no entre el sudor en los ojos, pero ahora va a tener otra función. La última parte del examen voy a tener que hacerla con los ojos vendados. Esta vez, con un solo uke, Laura, voy a tener que realizar la técnica al ataque que nos indiquen. Tenchi nage, bien, esta la reconozco por el nombre sin problema y la sé hacer, es la primera vez que hago aikido con los ojos vendados, me obliga a prestar mucha atención al oído, para saber cuando voy a recibir el ataque. Tengo miedo de que el nombre de la siguiente técnica no lo reconozca y con los ojos vendados no pueda recibir ninguna ayuda. Ushiro ryote dori irimi nage, perfecto, esta también la puedo hacer sin problemas. Ya no hay nervios, ya no hay dudas, ya no hay pensamientos, ya solo hay oscuridad y un encuentro de energías entre uke y tori, sin conflicto, en armonía, no recuerdo haber disfrutado nunca tanto haciendo aikido, las técnicas pasan, pierdo incluso la noción del tiempo, no sé cuantas técnicas he hecho, ni cuales, pero me siento completamente en paz. Antes quería que el examen terminase lo antes posible y ahora no quiero que termine, pero lo hace. 


          Nos sentamos todos en circulo y los examinados dentro, el maestro se dirige a mi en primer lugar, me da la enhorabuena por el examen y sobre todo por el gesto que he tenido, dice que mi examen se resume a ese momento, ahora no consigo aguantar las lagrimas y me da un abrazo, al que en seguida se une mi hermana Elena. Empezamos la tradicional ronda de abrazos y de felicitaciones con todos los compañeros y yo aprovecho la ocasión para dar las gracias a todos los que me han cedido su cuerpo para que yo progrese. Ser un cinturón negro en un tatami es así de "fácil", ahora lo que tengo que conseguir es serlo fuera, en el día a día, donde es mucho más difícil de conseguir. Con el cinturón negro, no termina nada, con el cinturón negro empieza todo, espero poder seguir aprendiendo mucho de mi maestro, de mis compañeros y del aikido. 





Kannagara thamasi haemase - me mantendré leal al espíritu del universo 


jueves, 9 de julio de 2015

maratón sevilla 2015. crónica y fotos.

Para ponernos en situación voy a hacer un breve repaso a mi corta vida maratoniana. Zaragoza (septiembre 2013 crónica) el debut soñado, carrera casi perfecta en la que dejo escapar unos minutillos, pero sabe a gloria; Madrid (abril 2014 crónica) un infierno, llegaba lesionado y lo junté con una estrategia suicida, mi peor marca; Pamplona (junio 2014, sin crónica) no estaba en mi mejor momento de forma, así que sin posibilidades de mejorar marca, decido acompañar a mi amigo Sergio en su debut, no fue tan fácil como cabía esperar, ni mucho menos.

Por lo tanto Sevilla es la cuarta de la lista, pero la segunda a la que llego para enfrentarme de tú a tú, dispuesto a lo que sea necesario para arañar algo de tiempo a ese 3h20' conseguido en Zaragoza. Durante el plan especifico he cumplido, pero no con el nivel de exigencia, ni las buenas sensaciones que me gustaría y dejándome llevar las ultimas dos semanas, por lo que soy un manojo de dudas. No sé muy bien para que ritmo estoy, mi idea inicial era ir a por 3:10´, pero lo más seguro es que intente 3:15´ o que ni si quiera pueda mejorar mi marca, dudas y más dudas.

Una maratón es una cosa muy bonita, pero si aprovechas para reencontrarte con gente a la que no puedes ver tanto como te gustaría, mejora la cosa, así que eso hice. Fue un reencuentro con Chris(@chrississipi) y Kiko(@harrier388) que fueron unos anfitriones geniales que me hicieron sentir como en casa, con Isa(@Isa_VMS), la segunda mitad de@BecomeFinisher y con Saioa (@Charcodelocos) que ha venido desde Pamplona a animar, a todos ellos he tenido la suerte de conocerlos gracias a twitter y al deporte, ¡VIVA TWITTER!. Fue una pena que fuera baja de última hora mi compañero de fatigas, Sergio (@TriCitius). El jueves llegaba al Puerto de Santa María, en pleno carnaval, viernes y sábado fueron para disfrutar del sur y del buen tiempo, recoger el dorsal en Sevilla y comer mucha pasta. El domingo llega lo interesante.

Domingo 22 de febrero de 2015 5:30A.M. suena el despertador, por fin ha llegado el día, el día que llevo tiempo evitando y deseando que llegue a partes iguales, en unas horas se resolverán todas las dudas, habrá una marca que resuma todos los entrenamientos pasados, o ni eso, un abandono antes de terminar. Aquí es donde empiezan los verdaderos nervios, los días previos he estado muy bien. Lo mejor para los nervios son las rutinas que te hacen sentir seguro, así que como siempre antes de una carrera difícil, una ducha, el ritual de vestirse y el desayuno de siempre. Tostadas con mantequilla y azúcar y un vaso de leche. Nos montamos en el coche y salimos hacia Sevilla, pero antes recogemos a Juanma (@Juanmapatr) que hoy debuta en maratón. A Isa le ha surgido un asunto de trabajo a ultima hora y no puede venir a animar, así que emprendemos el viaje Kiko, Chris, Juanma, Saioa y yo, 3 maratonianos, uno que lo será en unas horas y otra que lo será, no sé cuando, ella tampoco lo sabe, pero lo será. El viaje dura más o menos una hora, hay momentos de silencio y momentos de conversación, pero a decir verdad voy inmerso en mis pensamientos, intentando trazar un plan a seguir, una hoja de ruta que me ayude a llegar, pero sin éxito, finalmente decido no tener una estrategia firme, pero si escuchar mucho a mi cuerpo.


 Hemos llegado pronto pero ya hay mucho ambiente, mucha gente de corto, mucha gente que comparte nuestra afición, las pulsaciones suben, mis tres maratones van pasando por mi cabeza, lo dura que es, lo bonita que es...este rato me está torturando, necesito empezar a correr.

Me está entrando hambre y no tengo nada para comer, he desayunado hace unas horas ya, me invade la negatividad, "me va a dar una pájara, no puedo empezar a correr una maratón con hambre..." tonterías varias que al final consigo apartar de mi cabeza. Vamos caminando hacia el cajón de salida, improvisamos un punto de encuentro para la llegada con Saioa (demasiado improvisado), repasamos donde se va a poner para animarnos, nos hacemos una foto y cada uno emprende su camino.


Juanma ha desaparecido entre la mulitud, Saioa al punto de encuentro, Chris y Kiko a su cajón y yo al mio. Estoy solo, rodeado de miles de personas, pero solo, mientras el GPS busca satélites yo busco fuerzas en mi cuerpo para hacer recuento, parece que tengo lo suficiente para plantar batalla, pero ya veremos como acaba.
Por fin acaba la cuenta atrás y empieza la Maratón de Sevilla, 11.500 corredores tomamos la salida, cada uno con su historia, a pesar de ser tantos se puede correr bastante bien, es una avenida muy ancha en la que hay huecos para ir adelantando. De lejos veo a la liebre de 3h15', bueno en realidad veo también a la de 3h30', han salido por delante de su cajón, cosa que no entiendo, el que quisiese correr con liebre lo va a tener difícil, yo hoy no quiero liebre, hoy no. Otras veces he preferido la comodidad del grupo que tira de ti, pero hoy quiero la soledad del corredor de fondo, quiero que mis aciertos sean solo míos y mis errores también, no quiero decir "es que la liebre iba muy rápido o muy lenta y me jodió la carrera". Hoy soy yo contra la maratón y nada más. En los primeros kilómetros de una maratón siempre hago lo mismo, fue algo que salió improvisado en mi primera media, pero que siempre me funciona muy bien. Me digo a mi mismo que en otras cosas a lo mejor no, pero corriendo soy bueno (a mi nivel), que esto es algo que sé hacer muy bien y me cargo de confianza, diciéndome que si que puedo con ese ritmo y que tiraré hasta el final. Pongo ritmo de crucero 4':30" lo que debería llevarme a 3h10'.

Es el objetivo más ambicioso que puedo ponerme ahora mismo, pero no quiero conformarme desde tan pronto con 3h15', si veo que la cosa no funciona bajaré el ritmo antes de que sea demasiado tarde. Aunque lo ideal es correr una maratón de menos a más, con la segunda media más rápida que la primera, yo creo que soy incapaz de hacerlo, corra al ritmo que corra la primera mitad, es algo que espero que cambie, pero hoy por hoy si quiero acabar en el tiempo que sea, mi estrategia debe ser ganar unos minutos al principio que perderé al final, más que guardar fuerzas y recuperar al final. Así pues, aunque voy a 4':30" sé que estoy corriendo más para 3h15' que para 3h10'. Van pasando los primeros kilómetros y se asientan los nervios, la zancada se adapta al ritmo y la respiración y el pulso son cómodos, si en algún momento paso de 160ppm bajaré un poco la velocidad.


Llego al primer avituallamiento y en los carteles veo que es solido y liquido y quiero comer algo cuanto antes, pero solo había agua, así que me tengo que conformar con eso, es importante empezar a beber desde el principio. Paso por la torre del oro y por la maestranza y ya empiezo a mirar todas las caras del publico, busco la cara de Saioa, debe de estar por el km7.5 según hemos hablado antes de la salida, al ver tanta gente animando y que pasan los kilómetros sin verla, me temo que no vamos a vernos, yo voy pegado al lado izquierdo, pero no sé en que lado estará ella. De repente, cuando ya me había convencido de que no la iba a ver, aparece entre en el publico, me da ánimos y fuerzas en un choque de manos muy rápido, ni me da tiempo a decirle nada.


 Paso el km10 y todo va según lo planeado 45':09", el cuerpo responde y el tiempo también. Las dudas se están despejando, sé que hoy es el día de darlo todo, ahora mismo voy a ritmo de mejorar 10 minutos mi marca así que muy mal se me tiene que dar para no arañar aunque sea unos segundos. Un niño con su madre sostiene un plátano y lo cojo al pasar, el niño se alegra muchísimo y se ríe, pero más me alegro yo, por fin algo para quitarme el hambre, aunque ese plátano alimenta más mi confianza que a mi estomago. Ya vuelvo a ir mirando todas las caras del publico, es posible que Saioa esté por aquí si le ha dado tiempo a llegar, pero no creo que haya podido, por si acaso voy buscando una cara conocida entre la gente y sonriendo, algunos me devuelven la sonrisa o incluso me dedican unas palabras de animo personalizadas leyendo mi nombre en el dorsal.


Llego a la media maratón y todo sigue dentro de la planeado, 1h:35':22" y con buenas sensaciones, que es mas importante. No me parece que ya haya corrido 21km, me parece que acabo de empezar, pero no me confío, porque en una maratón el cansancio entra de golpe, es como chocarse contra un muro o recibir la visita del tío del mazo, la analogía que cada uno prefiera, pero es así. Cuando miro el reloj y veo que voy un poco lento tengo frescura en las piernas para acelerar rápidamente y recuperar el ritmo antes de perder más segundos valiosos. Sigo avanzando inmerso en mis pensamientos, tanto que apenas estoy viendo Sevilla mientras corro por sus calles, es una pena, pero es mi forma de correr, por eso nunca me canso de hacer el mismo recorrido en los entrenos, porque solo mi cuerpo está allí, pero mi cabeza puede estar en cualquier otro sitio, real o imaginario, puede estar en una playa soleada aunque sea de noche y este lloviendo, puede estar luchando contra los 180km de bici de un Ironman -que algún día haré-, puede estar liderando una carrera que nunca ganaré...voy tan distraído, tan en mi mundo, que casi no me doy cuenta de que ya he pasado el km30 y que ha empezado a correr justo detrás de mi alguien a quien no quiero ni ver, el tio del mazo ha llegado como ese que cae mal a todo el mundo pero está en todas las fiestas, como el novio de la chica guapa del bar, como un radar escondido detrás de unos matorrales, esa gente que sabe que molesta con su presencia pero disfrutan con ello.


Entre el kilometro 30 y el 35 me ha ido recortando metro a metro y estoy a su alcance, ¡ZAS! lanza un mazazo, he intentado esquivarlo pero me ha dado, aunque ha sido un golpe superficial y ya se va en busca de presas más fáciles. km36 el más lento de la carrera, igual que Zaragoza, me noto vacío, me arrastraré como pueda hasta la meta, ya me funcionó en zaragoza...Veo que por primera vez en toda la carrera el Garmin marca más de 5 minutos el kilómetro (5:'03") pequeño bofetón de realidad, necesito una estrategia y algo que me de fuerzas para seguir tirando. Las fuerzas me las dan las dos personas que llevo a corderetas desde que he salido, porque hoy corro por los que no pueden, por Sergio y por Saioa, ellos están deseando correr y no pueden así que yo que puedo, no puedo rendirme, tengo que seguir, por ellos y por mi.



 Objetivo no pasar de 5min/km y mejoraré marca. Desde luego ya me despido del 3h10' como ya me podía imaginar desde el principio, voy a ver si me salen las cuentas para hacer 3h15'. km37, quedan 5km y llevo 2h49' corriendo, si voy a 5 pelao las cuentas salen muy justas si le tengo que sumar los 195m finales, tengo que apretar los dientes y tirar a muerte. Voy mirando obsesivamente el reloj, voy cumpliendo, pero la cosa va a estar muy apretada, aunque ahora voy más despacio que al principio, ahora estoy haciendo un esfuerzo mucho mayor, ademas de que ya me duelen las plantas de los pies y mi zancada ya no es lo que era, me está subiendo el pulso, aunque voy al limite me veo confiado con poder hacer un cambio de ritmo en el 40 o en el 41 para no pasarme de listo, cada parcial que miro cumpliendo el objetivo me da más fuerza, voy adelantando gente, cada vez hay más publico.


 Llega el km40 3:03:38 si le sumo 10 minutos  me queda uno para los 195m finales, necesito más margen, aprieto con todo lo que tengo, cada vez me esfuerzo más pero no consigo acelerar, por lo menos tampoco me voy frenando, me mantengo estable, km41 ya veo el estadio a lo lejos, no me quiero guardar ni un gramo de fuerza, quiero la sensación de haber peleado hasta el final. Ya estoy enfilando el estadio, entro por la rampa, me dejo llevar en la cuesta abajo y ahora si que aunque tarde, por fin hago un cambio de ritmo, ya no queda ni una vuelta a la pista de atletismo, paso el km42 me salgo a las calles exteriores para adelantar a gente al sprint, encaro la recta de meta con todo lo que tengo dentro y al final paro el crono en 3:15:17, no es sub 3:15 y mi primera reacción incluso es de enfado.


 Pero ¿qué son 17  segundos en 42km? he ido menos de medio segundo más lento por kilómetro de lo que debería, es para estar contento, muy contento, he mejorado mi marca 5 minutos y he peleado con el maratón de tú a tú y esta vez he salido ganador. Mi estrategia de salir a meter un gol en la primera parte y luego cerrarse atrás a defender ha funcionado. Me caen lagrimas de emoción, de presión de meses liberada por fin, de satisfacción, de orgullo...lagrimas muy diferentes a las que derramé en Madrid, que me recuerdan porque amo este deporte.